Seguimos sin datos de COVID los fines de semana, oh no

Copia archivada de la web sobre la situación actual del Nuevo Coronavirus del Ministerio de Sanidad en la medianoche entre el domingo 1 y el lunes 2 de noviembre de 2020:

ATENCIÓN: Dada la evolución epidemiológica en nuestro país, la siguiente publicación de datos se producirá el lunes.

Esa frase lleva lo menos 3 meses puesta en la web. Ni que hayamos vuelto a declarar un estado de alarma hace poco.

Al menos se podrían dignar a cambiar el mensaje con la excusa por la que el Ministerio de Sanidad no publica resultados los fines de semana… en el informe del viernes había 3 comunidades con una IA por encima de 1000 casos por 100.000. La incidencia nacional está en 485. Uno se pregunta cuál debe ser la evolución para que vuelvan a reportar información los fines de semana.

Hasta la Comunidad de Madrid ha regresado a lo de publicar informes durante fines de semana y festivos… (rant posiblemente relacionado).

Disciplina social

Bravísimo Pedro el otro día pidiendo disciplina social a la ciudadanía. Del salimos más fuertes y del «el virus está derrotado, ahora hay que salir a celebrarlo» a sacar la zapatilla y amenazar con lo peor si no nos empezamos a portar bien.

Me pregunto si le habrá pedido disciplina social a la presidenta del Gobierno Balear cuando fue pillada un miércoles por la noche por la policía en un bar fuera del horario permitido por las restricciones.

El huso horario que nos corresponda

En este fin de semana toca el último domingo del mes de octubre, así que atrasaremos los relojes una hora en la madrugada del sábado al domingo.

No tengo muy claro si este año, al tocar justo a la vez que el inicio de la ola 2-bis de COVID, habrá tanto debate como en anteriores años, o si nos perderemos este año los comentarios que no faltan cada vez que pasa esto:

  • Este no es el huso horario que nos corresponde.
  • ¿Es que nadie piensa en el reloj biológico?
  • ¿Es que nadie piensa en las horas de sol?

España no está en el huso horario que geográficamente le corresponde. Esto es un hecho. Se adoptó la hora de Europa central en marzo de 1940 y desde ahí ha estado desde entonces. Normalmente, cada año por estas fechas los medios y las redes inician el debate sobre si deberíamos plantearnos adoptar de nuevo la franja horaria original o no.

En lo que a mí respecta, soy pro-horas solares como es previsible. Hoy día me molesta menos terminar de trabajar a las seis y que ya sea de noche porque aprendí el año pasado el truco de hacer vida solar al aire libre a primera hora de la mañana y no entrar a trabajar muy pronto.

Aun así, no estoy dispuesto a aceptar un cambio de huso horario si no se ataja antes el verdadero mal de este país: sus horarios. ¿Quieres que amanezca y anochezca a la misma hora de reloj a la que lo hace en otros países europeos con nuestro mismo huso? Pues a mí me gustaría entonces que también coincida la hora de reloj para otras cosas.

Armonicemos de una vez los horarios de trabajo para que salir de trabajar entre las 17 y las 18 sea lo normal y no un privilegio para algunos tipos de trabajo. Normalicemos lo de comer antes de las 14 horas. Paremos la aberración de desayunar a las 10.

Sólo entonces tendrá sentido iniciar el debate de si huso horario +1 sí o no. Aunque para entonces, aviso que luego no querré lloros cuando en verano a las 5:00 en la meseta central haya luz.

Dejavú

Tengo miedo.

Individualismo

Uno de los tópicos que más se cuentan por esta zona es el de que los habitantes de los países del norte de Europa son fríos, grises y, sobre todo, individuales. Se dice que esto contrasta muchísimo con los del sur, que son más de compartir, más de sentirse en una comunidad, de ser solidarios, y todo eso. Sin embargo, con las noticias de los últimos meses, empiezo a ponerlo en duda.

Durante el primer confinamiento, se usaba el término “héroes” para describir a los ciudadanos que se quedaban en su casa. Héroe por acatar las prohibiciones de salir de casa, en uno de los países del continente que ha tenido uno de los confinamientos más duros y autoritarios, aunque también de los más efectivos. La gente se volcaba, se sentía parte de una comunidad, aplaudía con sus vecinos.

Sin embargo, abrieron las puertas de las calles en mayo y esa solidaridad se convirtió en individualismo. De repente el bien de la comunidad, el de impedir volver atrás y recuperar la normalidad que siempre tuvimos, se desvaneció. El derecho a pisar la terraza y mamarse una cerveza, hacinado y rodeado de personas que hablan fuerte y que no llevan la boca ni la nariz cubierta. El derecho a ir una fiesta en la piscina organizada por un empresario del sector de la hostelería que, aunque de forma lógica defiende su modelo de negocio con tal de no ir a la quiebra, no logra entender que un retroceso y una segunda ola va a provocar que vaya a la quiebra, no sólo su empresa, sino otras de otros sectores que no tengan nada que ver con el suyo.

Los que tomamos medidas somos vistos como los raros. “No te voy a pegar nada”. No sólo se trata de que me peguen nada. Se trata de que yo tampoco lo pegue a nadie. O que me peguen algo y lo pueda ir transmitiendo a más personas en los siguientes días hasta que note síntomas y se pueda detener la transmisión. En definitiva, los que pensamos más en el bien común somos vistos como los raros, por no actuar de forma individualista.

Ya dije hace poco que la estrategia del “yo te protejo, tú me proteges” ha dejado de funcionar en mí, y que prefiero usar mascarillas individuales y “egoístas” (como las llegó a llamar el gobierno) antes que las “solidarias”. Si me veo rodeado de gente que sólo piensa en ellas mismas y no en los demás, tendré que poner barreras adicionales para poder defenderme no sólo a mí, sino también a los demás con los que me pueda juntar.

Cuando empiecen este otoño de nuevo las restricciones, que no espere nadie que vaya a participar de nuevo en la charanga. Esta sociedad me ha demostrado que aunque se le llena la boca de palabras como “comunidad” cuando se trata de criticar a otros, en el momento de la verdad son más individuales todavía que aquellos a quienes critican. Igual será que lo de la cultura de la solidaridad de los países del sur es un mito, y que somos igual de egoístas que aquellos a quienes pretendemos señalar.